Remember, Remember

Ésta venía siendo mi tercera vez ya en Hong Kong. La primera vez, aquella vez. La segunda cuando volví a China, por mi cuenta, y viajé sola por 10 días durante Agosto del 2015. Y ahora ésto. Y de alguna manera, él siempre se las había arreglado para estar presente.

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Salimos con J, desde el metro de Sheung Wan para primero ir a conseguirnos unos chips de teléfono que nos ayudara a orientarnos un poco, porque sí, para variar habíamos llegado sin reservar hotel ni nada. Y como siempre, estábamos a disposición de la suerte. Es increíble la diferencia de precios entre China y Hong Kong. Lo que un sucucho asqueroso que pasara de hotel, en China te puede salir 90元? 100元? o desde 20元 incluso si eres de hosteles. Pero no en Hong Kong. Luego de varias horas de exploración cibernética y de vitrinear en persona los lugares más indignos, optamos por una suerte de motel de mala muerte (que en China no hubiera costado más de 100 yuanes por persona) por casi 700HKD (algo así como 700元 (que serían como 70 lucas chilenas)) sólo una noche. Y no les puedo explicar lo rancio que era. Era un motel al fin y al cabo. Las paredes eran ultra delgadas (uno cree que ha escuchado cosas raras en su vida. . .pero no de éste tipo) y una cama empotrada entre 3 paredes. Además podíamos dejar nuestras cosas sólo desde las 22.00 hrs ya que si queríamos entrar antes, costaba más y más.

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El día siguiente fue increíble: nos despertamos temprano, compramos algo simple y callejero pero tradicional de Hong Kong, como lo es la leche de poroto/leche de soya y los waffles en forma de bolita.
A todo esto el Instagram de #allaboutHongKong compartió mi foto en su momento ! Noticeada total con mis fotos ~
Los waffles tienen un leve sabor a vainilla, son muy ricos !

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Luego caminamos y caminamos y caminamos. . . ésta vez él seguía mis pasos. Lo que en verdad era una novedad. Como ya he dicho antes, en general desde que estoy en China siempre soy de yo organizar viajes o sola o con más gente, pero sé como moverme, estar preocupada del mapa, ver dónde hospedarme y ésas cosas. Pero por algún motivo, siempre que viajamos con J, como que me es fácil dejarme llevar y que él en general me guíe. Sabe a qué lugares ir o cosas típicas que probar. Como ése primer viaje que hicimos a Zhenjiang 镇江.
No en Hong Kong, por su puesto. Aquí los lugares siento que me pertenecen un poco. He caminado por todas las calles, comido la comida más cara y la más barata. . . todo. Así que me sentía con la energía de buscarlo todo una vez más.

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Caminamos desde Mongkok, algo así como la ciudad luz, hasta Tsim Sha Tsui en casi 3 horas. Parando a tomar fotos, fumando en los puntos designados, maravillándonos un poquito con todo. Y se sentía extraño, pues la primera vez me había hospedado en el hotel más increíble, con total acceso a todo. La segunda, si bien todo lo pagué yo, también tenía un lugar fijo donde llegar siempre y dejar mis cosas. Pero no ésta vez. Éramos casi mochileros. Sólo que cada uno andaba con su mochila chica, vestidos casuales. Y una como es mujer y tonta, cargo con la vida en la espalda. Ambos sudando a más no poder. A pesar de ser Noviembre, aún se sentía el verano en el sur. Aún no teníamos una pieza para la siguiente noche y la verdad aún no sabíamos bien dónde íbamos. Y los que me conocen saben que soy neuroooootica. Siempre. Toda mi vida he funcionado con las cosas planeadas, fotocopiadas y re-preguntada de antemano, porque he tenido que hacer funcionar mi vida de esa manera. Pero de alguna manera, estando con J: Quedarme en hoteles truchos, caminar sin rumbo y dejarme llevar. . . me sentía segura.
Lo que no pasa muy seguido.

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Esperaba cada mes, día a día por éstos encuentros que teníamos. Creo honestamente que era lo único que me mantenía más o menos cuerda. Contaba los días para volver a encontrarnos, para volver a dormir juntos, dormir en hoteles de mierda o que me incitara a comer comida asiática rara. Ahora que lo pienso bien, creo que me quedé por ésto. Porque no podía verle lo bueno a ninguna otra mierda más. Y sé que las había. Pero de haber estado sola, me hubiera ido dentro del impulso de desesperación. Y tengo una habilidad natural para mandar a la mierda todo.

J nunca me creyó lo increíble que yo contaba de Hong Kong, pero creo que gradualmente lo entendía un poco. Podíamos comprar un cocktail de vodka-limón bueno el cualquier Convini Store. O comprar cigarros buenos (aunque caros) en cualquier esquina. Comer comida decente, digna y limpia de cualquier tipo. Él se reía del cantonés (dialecto que hablan los chinos en el sur, completamente distinto del mandarín que hablamos nosotros (él con mayor fluidéz)), los imitaba en la calle y sonaba como un mendigo thailandés a medio morir. Esquivábamos las gotas que caían de los aires acondicionados y yo le sacaba fotos a todo, para variar. Se sorprendía de que cada vez que trataba de hablar mandarín con algún vendedor hongkonés: siempre, pero SIEMPRE le contestaban en inglés. Y yo salía con un usual “te dije“, y me regocijaba en mi triunfo, porque finalmente mi inglés, que es mejor que mi chino, era útil (en la china continental, nadie habla inglés). Y por primera vez hablaba yo más con los vendedores que él.

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El último día llegamos a Central, en Hong Kong Island (la parte de abajo en un mapa de Hong Kong) y caminamos por Soho, Middle Levels y mi mall favorito en todo el mundo, que tiene una librería de 4 pisos. Fue la mejor culminación del viaje. Nos subimos a las escaleras mecánicas al aire libre desde la base, mirando todos los bares al aire libre, las distintas turbas de extranjeros que se juntaban fuera de ellos, donde yo había estado ya hace unos días. Hace algunos años. Con otro hombre. Con otro corazón.
Bajamos a pie por la suerte de cerros inclinados de los que se conforma HK Island, comprando cervezas en el camino y disfrutando la última hora antes que saliera el ferry de vuelta a Zhuhai. Por lo que no sé si habrá sido el alcohol o la infinita emoción del momento, pero había una cosa que no habíamos hecho durante el viaje, que ya era parte de una tradición personal: Así que le agarré la mano y le dije “Sígueme” y corrimos en la dirección opuesta. Y eso que nos quedaban 15 minutos para que saliera el barco !

Corrimos y corrimos como si no hubiera un mañana, esquivando grupos infinitos de señoras filipinas sentadas en el suelo, subiendo escaleras, riendo a más no poder. Cuando al fin llegamos apenas si podíamos respirar del cansancio. Y cuando nos detuvimos a mirar lo que teníamos en frente, quedó boquiabierto. El show de luces, la noche de Hong Kong, otra vez. Y terminó de enamorarse de la ciudad tanto como yo. Y todo era demasiado mágico como para ser real.

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De Hong Kong a Zhuhai. Luego a tomar el bus, para acompañarlo al aeropuerto de Guangzhou y luego volver a estar sola. Como ya era lo usual.
Volver a “lo mío”.

Inconscientemente no me até a nada, creo, a todo lo que era Zhuhai. Traté precariamente de hacer amigos, de salir o hacer cosas, pero en realidad creo que siempre pensaba desesperadamente era en irme. Ahora viéndolo en retrospectiva, de una muy vergonzosa manera creo que hasta me volví totalmente antisocial. Era mucho de estar en mi pieza, sola, para evitar tener contacto con gente con quien no quería hablar. Gente que estaba por primera vez en China y lo amaba todo. Que me hacía sonreír por cortesía, pero ni de eso tenía energía. Porque yo también pasé por esa fase, y es lindo, pero no Zhuhai. Y me encontraba en una etapa de tanto rechazo (sí, más de lo usual) que no podía siquiera escuchar cosas buenas de esa ciudad mierda. Cada vez que me armaba de valor e iba a algún bar con los otros extranjeros, no podía quedarme a sonreír sobre las cosas buenas que me contaban sobre su “versión de china” que sólo se señía a Zhuhai. Esa no era la “primera china” increíble que YO SÍ conocía, y sabía que no podía decírselos o reírme en sus caras o seguir hablándoles de lo increíble que era Beijing o Nanjing, porque llegó un punto donde caché que tampoco querían escucharlo. Y me volví súper solitaria. Más de lo usual. Y uno cree que puede vivir solo, ser independiente y hacer mis cosas a su propio tiempo. Y antes lo hacía. Pero me di cuenta que incluso en Nanjing, cuando me fui a vivir “sola”, nunca lo estuve del todo, porque siempre tuve a J. Nunca pasé semanas enteras donde no le hablaba nadie, como donde estaba ahora. Llegué a momentos donde incluso cuando tenía que volver a hablar con gente, me costaba hilar las frases y tenía que pensarlas más de lo normal.  Fuera de lo chistoso que pueda parecer, de lo mucho que alegué y me quejé, creo que en verdad estaba súper mal.
Y no era llegar y irme. Obvio. Soy becada DEL GOBIERNO CHINO. “Son oportunidades que no tienen todos”, “Tener tu beca no es fácil”. Hay gente que puede. Pero ya a mis 24 años, creo que uno tiene que aprender a conocer sus propias limitaciones. Y soy la experta en sobreexigirme hasta que me quedo vacía. Debería empezar a cuidar un poco más de mí. Han sido dos veces ya, y recuerdo vívidamente lo mal que fue, pero no puedo volver a caer en una depresión como las de antes. Estando sola, en China y sin ningún recurso como sí lo tuve anteriormente. Si no mal recuerdo, uno de los factores que evitan que uno mejore es seguir exponiéndose a la situación que provoca el problema. Y para cambiar eso había una solución. Pero claro, nadie podía saberlo. Así que el problema es un poco más complejo.

Nunca terminaré de agradecer a J por toda la paciencia y la resistencia que tuvo conmigo. Honestamente. . . cuando vivimos juntos durante 6 meses, peleábamos harto. No sé, de un poco de todo. La diferencia cultural, el idioma, la cotidianeidad. Yo no quería, pero cuando me tuve que ir a Guangdong, Zhuhai de alguna manera esperaba que él siguiera con su vida tranquila, feliz y encontrara a alguien mejor, menos peleadora, más bonita, más “extranjera” o perfectamente coreana. Pero trató e hizo todo lo que pudo para darme ánimos a la distancia. Aunque esa distancia fuera dentro del mismo país. Nunca le dije exactamente qué tan mal estaba, tampoco era su problema. Pero yo notaba como nos íbamos cansando. En un principio hablábamos por video-llamada todos los días antes de dormir, luego fue cada dos días, luego sólo a veces. Y yo sabía que no podía exigirle más tampoco. Porque tenía cosas que hacer, él la pasaba bien mientras yo pasaba 100% de mi tiempo haciendo nada. Preguntándome qué estaba haciendo. Si me extrañaría. Pero recordando cuántas veces algún ex me habría dicho “estoy estudiando“, “estoy recostado en la cama haciendo nada” y nunca era realmente así. Y una se ralla. Después de vivir algo así, creo que la certeza de que la gente es honesta, se pierde. No es un tema de “no superar”, pero (y hasta al día de hoy se lo digo a mi actual pareja) no entiendo cómo la gente no puede pensar antes de hacer las cosas, y no después. Porque la gente no entiende hasta qué punto se puede romper a alguien. Y si bien no tengo ningún remordimiento de relaciones anteriores, hay cosas que no se van. Nunca.
Alguien me comentó hace poco, que es como si hubiera tenido un accidente de automóvil. Uno muy malo, que me dejó secuelas de por vida. Y hoy en día, realmente lo siento así.

[ Y no te guardo rencor alguno. Pero espero, honestamente, que en algún punto en tu vida te des cuenta de cuánto daño le puedes hacer a alguien. Que ojalá algún día puedas ser realmente honesto con alguien. Porque creo que no hay nada más triste que ser sólo uno el que sepa lo mucho que se está dañando a alguien que se preocupa por tí.]

Y entonces luchaba a diario con la idea de no pensar tanto en “y si realmente estará haciendo otra cosa?” Porque ya no podía ponerme más dudas. Porque creo que me estaba volviendo loca. . . o algo.

Fueron, honestamente, los peores 6 meses de mi vida.
De mi vida entera.

Me encontraba en tal nivel de desesperación y soledad que se me ocurrían los planes más estúpidos para cambiar la situación, para dejar de estar en esa ciudad que odiaba. Para arrancarme a Nanjing, para dejarlo todo. Para dejar de estar. Tenía tanto tiempo libre que pasaba casi todo el día en mi pieza, sola, sin poder ni querer hablar con nadie. Hice algunos amigos. Que cuando me hacía de ánimos e iba al único café que había en la tierra, me atrevía a conversar un rato. Aquí es cuando apareció María. María. . . No sé qué hubiera hecho sin María.
La conocí en el primer y único carrete al que fui estando allá, la primera semana. Se me acercó como si nada, con una cerveza en la mano y fue como si nos conociéramos desde siempre. Me llamaba la atención su pelo corto y rapado a los costados. Me recordaba un poco a mí, cuando era joven y libre de vestirme como quisiera. A mí antes de ceder a los cánones que definen la línea de lo femenino y lo de mero macho. Esa primera noche, me contó que era su primera vez en China, que quería conocer el mundo, que estudiaba informática y que su ex pololo se había suicidado hace casi un mes. Así, como si nada. Con una sonrisa.

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Me sentí patética y triste a cagar. Ya le había recitado todo mi diálogo de cómo había dejado todo en Nanjing para venirme a ésta ciudad de mierda, donde estaba sola y era miserable. . . y ella me sale con eso. No puedes evitar culparte, pensar que, como dicen “siempre hay alguien que está peor que tú”, “tus problemas no son nada al lado de los de. . .(x)”. Y era así. Y me lo contó de una manera tan alegre, tan aliviada de que su ex ya se encontrara tranquilo, que no sé si habrá sido la cerveza, su sonrisa mientras me contaba cómo pasó o el hecho de sentirme aún peor de mi situación, o todo junto, que me puse a llorar ahí, frente a ella mientras caminábamos hacia otro club.

Sé bien que mi problema puede parecer muy nada. Que debería estar agradecida de “todo lo que me ha tocado” y todo lo que ya se me ha dicho hasta el cansancio. Pero lejos lo que más he aprendido en éste tiempo es que  nadie puede categorizar tu dolor. Nadie puede atreverse a decirte cómo o qué nivel de desolación puedes sentir. 
Y culpé a la Pan, estúpida e inocente, de hace 3 años, que había elegido ése lugar, por un motivo que ya no era por supuesto, sin siquiera haber averiguado de antemano que la universidad tal, era una vergüenza. Que no tenían experiencia alguna con estudiantes extranjeros. Que era el fin del mundo. Que iba a estar sola. Que. . . Que todo.

Planeamos pasar la navidad juntos, y yo me moría de ganas de ir a Nanjing. Pero era mejor juntarnos en algún punto intermedio para ambos ya que estábamos juntando plata. Luego de haber explorado todo el mapa de Baidu 百度 durante semanas, escogimos Xiamen 厦门, al sureste de China e íbamos a juntarnos ahí el 23 de Diciembre. El semestre ya se estaba acabando, o algo así y casi no tenía clases.

El día 22 salí hacia Guangzhou-Xiamen y la rata Pan decidió que iba a tomar el tren lento para ir, ya que no iba a pagar 600元 en un boleto de avión sólo de ida (viaje de 1.5hrs), cuando podía pagar 200元 por un ticket de litera dura en el tren (de 13 horas) hacia Xiamen. Era algo que quería probar desde hace tiempo. . . o quizás me convencí de eso de lo apretada que soy. Quién sabe, jaja.
En los trenes lentos en China se ve de todo: Gente con gallinas, con bolsas y bolsas cual ekekos peruanos, gente de traje. . . ya sea en viajes de 2 o de 22 horas. Dentro de los vagones de tren está dividido por unas paredes donde ponen 3 y 3 literas apiladas. Por suerte me tocó la litera de más arriba y dejarían de mirarme al menos para dormir.
Me encanta el vaivén de los trenes, siempre me ha ayudado a dormir, de hecho, cuando estoy sentada o aprontándome a dormir siempre estoy moviendo una patita, ajaja. Rara la weona.

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( Llevo HORAS peleando con las fotos.  . . por qué se ven tan mal ?! )

Para soportar el viaje me llevé La Chica del Tren, que había comprado en Chile cuando estuve de vacaciones y no me había dado la oportunidad de leer. Muy bueno! Lo recomiendo harto si no han visto la película. En fin, en lo que me disponía a sentarme y leer en una de las sillas plegables del vagón, un señor (de edad papá y aspecto chino) me pregunta si no quiero comprar algo del carrito de snacks, pensando que no podía hacerlo yo. Era bien simpático, iba por trabajo a Xiamen y había vivido en Europa y visitado varios estados de USA. A pesar de haber salido harto del país (en general los chinos que han vivido fuera tienen muchas más habilidades sociales. . .), me preguntaba puras weás. Onda si me gustaba el queso, y me enumeraba todos los que conocía. Que si me gustaba el pan, y me contaba de todos los panes que había probado (…), igual le respondía entre risas y de buena onda. Luego empezamos a hablar de política y esas cosas. Y como ya me esperaba, me sale con que los Taiwaneses, los de HongKong, los Japoneses y los Coreanos son “hijos” mal agradecidos de China. Que “se rebelaron de su madre y que eventualmente volverán arrepentidos”, “que mordieron la mano que los daba de comer”, “que en cualquier momento las fuerzas de china podrían tomarlos de vuelta/ atacar de vuelta, pero por tema de política y economía de la galaxia no podían dar el primer paso”. Y así, yo le respondía “Ahhhh, no sabía eso. . “, “Ahhhh, en serio. . . “. Pero me cagaba de la risa para mis adentros. No porque quizás no sea así, sino porque cada Chino que he conocido tiene tan adquirido el discurso, que lo repiten de la misma manera. Y se lo creen tanto que creen en verdad verdad que China es casi la primera potencia mundial o el mejor país del mundo o algo así. Es increíble ver en carne propia el nivel de convicción que tienen.

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En fin, luego de un largo viaje, partí al aeropuerto de Xiamen a esperar al coreano. Llegó a la hora acordada, sin retraso. Apenas lo ví. . . me quedé ahí. Lo miré pero no podía sonreír ni menos correr o ir hacia él. Estaba agotada. No hubo llanto como de costumbre ni nada así dramático, cuático como yo. Ya no aguantaba éstas situaciones donde yo sabía que no importaba lo guapo y rico que se viera, lo bien que la pasáramos y lo mucho que hiciéramos: luego de unos días, todo volvería a ser igual. Tendría que volver a tomar el tren. Tendría que volver al desierto donde vivía ahora. Volver a extrañarlo, volver a que los silencios al teléfono no significaran nada más que sólo silencio.

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Pero la pasamos increíble. Paseamos por la ciudad, un poco al menos. No visitamos nada muy famoso ni tomamos ningún barco explorador. Caminamos por una ciudad en la que nunca habíamos estado antes, tomados de las manos, sonriéndonos, probando comida extraña, pasando tiempo en la pieza del hotel más que nada. Amando mucho.
La gente que me conoce bien sabe que soy súper peleadora, que me enojo fácil cuando algo no me parece y para peor: no sé como des-enojarme (cosas que uno aprende viviendo en soledad, jaja. Que de algo sirva, o no?). La weá es que, creo que por primera vez no peleamos durante el viaje. Todo fue maravilloso, todo fue romance. No tenía energía para seguir enojada por algo y quitar tiempo a algo que pudiéramos hacer.
El día 24 fuimos a pasear por una calle principal y nos propusimos hacer una mini-fiesta de navidad, nosotros dos. No teníamos árbol, ni notebook o algo como para ver alguna película típica de navidad. . . pero haríamos lo posible. Compramos adornos, guirnaldas brillantes, gorros, una torta linda y buen vino. En lo que andábamos buscando velas (nunca entendí por qué quería ponerle velas a la torta de navidad?), pasamos por fuera de una iglesia ortodoxa, que resultaba ser la primera iglesia ortodoxa de china. Pasamos a mirar y me emocionó un poquito, para ser honesta. Era la segunda navidad que pasaba “sola”: fuera de Chile. No me obligarían a ir a la misa de navidad (como cuando era chica), ni tendríamos una cena incómoda viendo Mi Pobre Angelito, ni comería papas duquesas, ni abriría un montón de regalos. Son cosas re chicas, y algunas hasta re malas, pero todo, de alguna manera, se extraña igual. . .

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Bailé cumbia, salsa, bachata, k-pop, de todo lo que a uno se le ocurra.
Creo que es el recuerdo más lindo que tengo.
Pero no sería así por mucho-

[Editado 22/03] A veces me pasa que WordPress me come algunos trozos del texto y no me doy cuenta hasta que lo releo todo, tiempo después 😥

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One thought on “Remember, Remember

  1. ay pero que maldad mas grande ese final! despierta mi curiosidad….

    De cierta forma me siento tan identificada contigo, ese tema de que nadie puede decirte ni calificar tu nivel de desolación/dolor independiente de la circunstancia es tan cierto…para el resto puede parecer que tu “problema” no es nada, pero a uno le puede romper el alma… espero leerte pronto!

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