The Pursuit of Happiness

Hoy es un día glorioso.
Nunca, nunca he estado tan feliz como hoy.
Me voy a China.
Me voy de vuelta a China.

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Happiness

Desde el día que volví a pisar Santiago, hace varias entradas más abajo, me quise devolver a China. No podría explicarte porqué exactamente. Cómo es que todo es tan distinto allá. Cómo es que se vive distinto. Cómo es que el aroma embriagante de las calles refleja el ritmo de la ciudad. Cómo es que la comida. Cómo es que el idioma. Nada.
Pero tenía que trabajar. Tenía que ver qué iba a hacer con la carrera que había congelado y que me quedaba medio semestre por pagar. Qué iba a hacer con el idiota que me había arruinado la vida pero al que le había prometido que iba a volver por él. Todo tenía que arreglarse. Y trabajé. Y junté plata. Y mandé a la mierda a toda la gente que desde la distancia se ve falsa. Y me tragué mis ganas a DIARIO de devolverme e ideé plan tras plan para ver qué hacía. Postulé. Esperé. Lo que más he detestado hacer durante mi vida. En torno a lo que gira toda la problemática de mi cabeza. Y esperé de nuevo. Tuve CINCO trabajos distintos en el último año. CINCO. Cuál fue peor que el anterior !! Conocí estafadores, flaites, aprovechados, locos (MUY locos). Pero seguí trabajando.
Y después de todo y tanto tiempo (cuando cuentas los días, un año y medio se vuelve una eternidad), quedé.
Y sí. Me iba a ir de todas maneras, muy a la mala, muy a lo loco. Muy a la mía.
Pero quedé en la beca a la que estaba postulando. Después de toda la gente con la que hablé, con hasta los exámenes de pelo que tuve que hacerme. Las distintas clases de chino que tuve para no perder la práctica.
Me voy, con todo, a China. Ahora. Ahora luego, en Agosto.
Y creo sinceramente que no me he sentido nunca, nunca tan feliz como ése día que me enteré. El 23. Cuando dentro de la infinidad de veces que estuve actualizando la página, durante ésta semana crítica, lo publicaron.
Quizás lloré y grité un poco.
Pero hubiera corrido, hubiera pateado, hubiera volado si hubiera podido. Hubiera ido y le hubiera aforrado un combo en los dientes a todos los imbéciles que en algún momento se burlaron porque me gustaba China. O lo asiático en general. O por ser ñoña, nerd, o lo que sea. Por ver animé, por disfrazarme de “mono chino”. Y no, eso nunca se me va a olvidar. “Uy, la weona triste y rencorosa que vive con eso”, “Uy. supéralo”. Aprendí a leer algunas mentes también.
YO, como la entidad virtualoide “Pan” que soy, decidí NO superarlo. Hacer de las weás que me gustan algo por lo que voy a vivir. Porque sabes qué: con cada broma, con cada burla o talla simpaticona, soñé cómo tomaba tu cabeza y la pegaba con una plasta de vaca a los rieles de un tren, mientras te seguías riendo. No era nunca la primera ni la última vez.
No. Más. Esperar.

Fuimos a celebrar. 
Al igual que el día que llegué de China, fuimos a BordeRío, un mini-barrio de restaurantes siúticos por allá por Vitacura.
Elegí el Zanzíbar, porque bueno, era comida internacional (?).
Sólo fotos esta vez. 
Es lo de menos, pero las fotos están bonitas, hahaha. ❤

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No puedo expresar cuan en paz puedo dormir ahora.

Selfffff

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