Equinox

Publicado: 02/03/2015 en The Misconceptions of You and Me
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Primero que todo, me encantaría que le dieran click a la música que pondré abajo. Es parte de. Si no lo ponen, en verdad váyanse a la mierda ❤
Quisiera aclarar que Nada de lo que escribo es necesariamente cierto
Quizás partes.
Quizás nada.
Quizás todo.

Pero por sobre todo, me debatí meses si publicar esta parte o no.
Al igual que :

# The Beginning
# Dollars
# Shall we ?

Son parte de una historia completa. Un todo.
Aunque desordenada, hay que encontrarle el orden cronológico.
Si, no. Tal vez.

Había estado dormitando de rato en rato, pero el movimiento del avión era algo que me perturbaba muchísimo y lo había descubierto recientemente. Eran eso de las 3 de la mañana según el mapa del avión en el que iba, y quedaban un par más para llegar a Hong Kong. Extrañamente no me lo estaba cuestionando, no lo estaba pensando ni estaba juzgándome por lo que estaba haciendo. No le estaba dando vueltas, lo que normalmente hago con todo lo que me pasa o decido dejar de hacer.

1

Estaba haciendo, atreviéndome, sin pensar.
La última vez que lo había visto fue después de su despedida, en Beijing. Esa mañana fría, antes de subirse al taxi y perderlo de vista para siempre. Llorando, llorando a mares de lo llorona que soy. Yo llevaba un vestido negro que había elegido para la noche anterior y mi oso-abrigo que me protegía del invierno Chino. Porque había sido injusto, porque no tuvimos casi ni tiempo. Un día lo pensé, un mes después de eso, compré boletos en línea y decidí viajar a Hong Kong un fin de semana. Dudé mucho. Y la verdad es que para entrar a China, la visa viene con cierto número de entradas. Y yo tenía una, que ya había utilizado para entrar. Podía o no podía ser. El papeleo no podía tramitarse desde China, tenía que haber salido para hacerlo. Tenía todas mis cosas en Beijing, tenía que volver a clases, aún me quedaban un par de semanas por terminar y luego desde ahí salía mi vuelo a Tokyo. TENÍA que buscar la manera de volver. O. . . bueno, lo mejor en ese momento hubiera sido abstenerme del todo de ir. Pero esa no era la yo que estaba en China.

Con un suave movimiento la asistente de vuelto me despertó para avisarme que íbamos a aterrizar. Eran eso de las 5 de la mañana. Una vez más me aferré como un gato asustado al asiento del avión mientras aterrizaba. Una vez más hice una breve conversación con la persona que iba a mi lado que me preguntó si estaba bien.

El aeropuerto era muy bonito. Muy por debajo de lo que es el de Beijing, pero bonito dentro de su simplicidad. No hubo ninguna complicación. Tomé mi teléfono, que por suerte sí agarró wi-fi, y le avisé que había llegado.
-“Voy camino para allá, no te vayas”- respondió a los minutos.
Pfft. Como si hubiera podido irme a algún lado. Como si hubiera querido salir de ahí.
Agarré mi maleta roja con puntitos, esa que siempre uso para todo, y busqué un asiento para esperar. Por todos lados había gente durmiendo en el suelo o en los asientos. Poco me importó sentarme al lado de lo que parecía una mujer muy tapada en abrigos. Era invierno y la verdad hacía frío. No los grados bajo cero de donde venía, algo un poco más parecido al invierno Chileno. Frío. Pero no tanto. Que sólo algunas cuáticas como yo se quejan y se tapan todo. Que buscan la excusa para no salir y se ponen ropa larga, o que mueren de frío cada vez que salen a la calle y necesitan que les compren un café y las abracen mucho. . .

      Esperé al rededor de una hora sentada en mi asiento. Ansiosa. Expectante. Congelándome un poco. Con un aroma agradable de fondo. Con el corazón en la mano. Palpitando a mil esperando que él llegase. Alterándome por la más mínima sombra lejana que quizás me diera una pista que podía ser él. Saqué el regalo que le llevaba. Era el 15 de Febrero. “Al menos seguía siendo San Valentín allá en Chile“, pensé. Era un oso azul pequeño muy bonito. Saqué mi teléfono y habrían pasado 40 minutos. Me puse mi chaqueta en las piernas. Leí el mensaje que me había mandado la noche anterior.

– “Serías mi Valentín?” – y me recorrió un escalofrío de nervios.

Jamás me habían propuesto nada antes. Y es que la verdad en Chile llega y se hace. Nadie te “invita a una cita”, pocos te “piden pololeo”, o cosas así. Uno llega y sale, todos llegan y se reproducen como hamsters. Allá (en Asia) es un poquito más romántico. . . (o eso creía).

-“De dónde llegaría? Me veré bien? A lo mejor tuve que haberme puesto algo más normal. . .” – pensé.

2

Y en eso, sale de un cubículo que estaba frente a mí y se detiene apenas me ve. Se veía tan lindo. . . eran las mismas facciones exquisitas que recordaba ver en persona. Llevaba una chaquetita de polar que lo hacía ver aún mas joven de lo que era. Y es que los asiáticos siempre tienden a verse MUCHÍSIMO más joven de lo que en realidad son, al menos para mí. Miles de cosas se me pasaron por la cabeza, si debía correr hacia él, si debía abrazarlo, si debía. . algo. Pero la verdad es que no pasó nada, hahah. . . caminó un poco y se sentó junto a mí. No hubo abrazo, ni saludo de beso. Nada.

-“Hey~” – dijo él.
-“Hey~” – le respondí algo nerviosa.
-“Cómo estuvo tu vuelo? Estás cansada?” – preguntó.
-“Terrible, muy movido. Tuviste que levantarte muy temprano. . . perdón.” – respondí.
-“No, está bien. De todas maneras me hacen levantarme temprano. . . vamos?” –
-“A donde? Sabes el camino?” – pregunté algo atontada.
-“Sí, reservé un hotel para tí” – dijo, muy seguro de su respuesta.

Con el apuro, los nervios, cuando se me ocurrió ir. . . llegué y compré los pasajes por internet. Jamás revisé un hotel, ya que tenía la genial idea que llegaría y buscaría uno luego. Pero como en todo lo que vendría después. . . él se me adelantó y lo hizo por mí.
Quise girar plata de un cajero, y decía BLOQUEADO o algo así. Entré en pánico y quedé blanca. Cuando volví en mí. . . recordé que HK NO era parte de China, y en mi banco no había avisado para que me habilitaran la tarjeta, ¡La raja!. Hice las llamadas correspondientes y tendría la tarjeta activa en un par de horas. . . Y puta sí, la vi negra cabros (una vez más).

Salimos a tomar un taxi, y apenas se abrió la puerta automática para salir, la humedad me pegó de lleno. Nada terrible. Casi embriagante. Le daba el toque perfecto a la experiencia. Una vez dentro del auto, me di cuenta cuán distinto era el Mandarín del Cantonés. Como si ya no fuera difícil aprender Mandarín. Era TOTALMENTE distinto y no entendía nada. Le pregunté qué onda, si alguien hablaría inglés, que era lo que yo esperaba. . . y la verdad es que sí, la mitad de la gente habla inglés allá. Y la otra mitad Cantonés. Lamentablemente los taxistas sólo pertenecen al segundo grupo. Jamás llegarían a entenderme luego. . .

A medida que empezábamos a andar y nos alejábamos del aeropuerto, cerros y más cerros llenos de un tinte verde empezaron a aparecer. El día estaba nublado y era perfecto. A cada lado de la calle se veían palmeras y mucha vegetación. Mucho auto circulando por las calles mojadas, o eso creí. Yo iba sentada a un lado, y él al otro. La verdad no sabía qué decir.
Y si. . . ¿tal vez nunca se esperó que yo fuera, y la verdad nunca pensó volver a verme? Un montón de weás lloronas se me empezaron a pasar por la cabeza mientras admiraba el paisaje por la ventana. Iba casi con las manos afirmadas en ella mientras veía todo. El paisaje empezó a abrirse y un puente gigante se colocó frente al auto. Era una suerte de San Francisco, pero no tan alto ni tan rojo. Había mar por todo al rededor y se podía observar una gigantesca bahía rodeada de rascacielos titánicos. El taxista no hablaba, lo que agradecí mucho. Tenía adornos colgando del retrovisor y muchos stickers con escritos en chino por todo el interior.

View

El auto comenzó a moverse mucho y creo que por el hecho de estar usando pantys, no me adhería muy bien al asiento de cuero negro. Empecé a resbalarme de un lado a otro y no estaba cachando mucho como sujetarme. En un giro brusco, quedé apoyada en él y me reí nerviosamente, la verdad es que no sabía que hacer o no sabía si le molestaría o algo. . . Me sentí tremendamente mal, demasiado culpable. No entendía nada.

-“Qué estás haciendo” – preguntó él, algo sorprendido al parecer.
-“Hahaha, perdón”- dije, le intenté correrme a mi lugar. . .
En eso, me toma la mano, sin mirarme.

3

-“Te extrañé”- dijo mientras seguía apoyando su otro brazo sobre su ventana, mirando la nada.
-“Yo también, mucho”- Y apoyé mi cabeza en su hombro.

Los edificios interminables corrían rápido por mi ventana. Edificios antiguos, pequeños, junto a construcciones monstruosas a su lado. Uno tras otro. Carteles y letreros que por las noches se encenderían para iluminar mi noche, nuestra noche. Calles que se elevaban. Restaurantes de todo tipo, andamios de bambú le daban estructura a su mundo. Carreteras por toda la ciudad y muchos autos nuevos. Caros. Lujosos. Carísimos. Todo el concepto pasaba delante mío mientras mi cabeza se apoyaba en él. Era algo mucho más lejano que un sueño. Era algo casi surreal. Extraño, totalmente desconocido para mí. Jamás me imaginé que un lugar así existiera. Nunca, hasta entonces creo haber indagado de la ciudad como lo estaba haciendo en persona. Pero de alguna forma. . . Todo se me hacía familiar a él. Todo el estilo de la ciudad tenía su nombre y su forma de ser. Su aspecto y manera de hablar de alguna manera se veían reflejados en donde me estaba adentrando. . . y me parecía increíble, fascinante en verdad. Además, desde que era muy pequeña, siempre quise conocer Hong Kong (CCS dónde?).

HK

hk2

El auto se detuvo y era hora de bajarse. La entrada del hotel lo auspiciaba pequeño. Estaba en medio de dos edificios grandes, lo que lo hacía parecer angosto. Entramos y la recepción estaba en el segundo piso. Una vez que se abrieron las puertas, creo que fue la combinación perfecta entre la arquitectura asiática y la economía extranjera que se posó frente a mí. Era una habitación amplia, muchos sillones cómodos y con una puerta de vidrio al fondo que llevaba a una pequeña terraza. Las paredes tenían empotrados lo que parecían ábacos de madera. Ábacos. Los cojines de los sofás eran rojos y el suelo de piedra gris. El ambiente olía maravillosamente, en una mezcla de sanitizante en aerosol, violetas y comodidad. Había sólo una chica atendiendo en una mesa larga y estaba conversando con una señora frente a ella. Yo me quedé en un sofá sentada, que era más cómodo que cualquier cosa en la que haya estado en los últimos dos meses. T se propuso a hacer el registro con la chica de la recepción. Mientras hacían el papeleo, la señora, que ahora se encontraba al lado de T, se volteó hacia mí y me empezó a conversar. No recuerdo su nombre, nunca lo hago. Pero creo que era de California o algo así. Se encontraba viajando, su marido descansaba en la habitación y había bajado para no molestarlo. Me preguntó de donde era. Su hijo también había visitado Chile y hablamos un poco de eso. Era una dama muy gentil. Se despidió amablemente mientras T volvía hacia donde estaba yo.

-“Tuviste suerte, te cambiaron a una habitación mejor” – dijo muy seguro.
-“QUÉH” – exclamé, al igual que siempre lo hago.
-“Pensé que tendríamos que hacer hora, pero podemos ir a la habitación a dejar tus cosas ahora y luego vamos a hacer otra cosa si quieres”
-“Que bieeeen”- dije alegre, y la verdad es que moría de hambre. Eran eso de las 8 de la mañana y no había comido nada.

Ingresamos al ascensor, junto con el ayudante que iba con mis cosas, quien no me habría dejado llevar nada. Se puso justo frente a los botones del ascensor, por lo que no podía ver a qué piso íbamos, pero SÍ podía ver la pantalla superior y no dejaba y dejaba de aumentar. Cuando ya estaba cerca del 9000, se detuvo y bajamos.
Era el piso número 31.
Por lejos el lugar más alto en el que he estado en mi vida.

-“E-es una broma. . . ” – dije nerviosa.
-” Nope, ya llegamos. . ” – se rió.

Y en lo que dijo eso. . . se abrió la puerta del lugar más increíble al que jamás creí que llegaría. Una habitación, amplia, preciosa, con una cama gigante, con una tele en frente aún más enorme. Pero lejos lo mejor de todo era la vista: Todo lo que es la pared de frente, era una ventana que se veía hacia el exterior. Desde la altura. No me aguanté y me lancé a la cama. Lo más suave que había probado en semanas. Encendí la tele y acomodé mis cosas. T se sentó en la silla del escritorio a un costado de la cama. Me volví a sentar y noté que no tenía intención de acercarse. . .

– “Ven. . . “- le dije.
Como si hubiera sellado mi suerte.
Y la suya también.

Se acomodó a mi lado y nos pusimos de guatita a ver tele. Tenía cable por suerte.
No es como si lo hubiera buscado, nunca he sido esa clase de persona. Nunca. Pero no pude dejar de notar que no me buscaba, no intentaba nada. Y eso me estaba poniendo aún mas nerviosa. Aparté la vista del televisor y me acurruqué en la almohada en la que estábamos apoyados, en dirección hacia él. La verdad es que aquí tardó algo en darse cuenta, pero después de un rato, se tiró conmigo. Estuvimos así, frente con frente varios minutos. Como si no hubiera tiempo. El corazón me latía a mil y no sabía por qué. Hace años que algo así no me pasaba. Me sentía como adolescente y la verdad es que hace mucho que no lo era. . .

6

De a poco me comenzó a tomar la mano, como si no quisiera romperme, como si tuviera infinito miedo de algo. De cualquier cosa. Empezó a hacerme cariño en ellas, de a poquito, muy lento. De a poco nos fuimos acercando. El corazón se me iba a salir por la boca, y no sabía que me estaba pasando. Cuando los ojos se encontraron recordé todo del por qué estaba ahí. Todo se detuvo en ese entonces. Desde ese instante. . . y para siempre.
Desde ahí en adelante, seríamos cómplices habituales en mirarnos así por largo rato. . . y en todo lo que pasaría luego. Decidí que disfrutaría todo, cada segundo. Que nunca me arrepentiría de nada. Y por sobre todo. . . que guardaría ese momento muy dentro de mí para el resto de los días por venir.
( Y ha pasado tanto. . . tanto de ésto . . . )

7

Nos besamos de a poco, como cabros chicos.
Ya no era el niñito tímido que besé la primera vez. Y no era algo malo.
Fue el mejor beso que me han dado en mi vida y se a poco se comenzó a tornar todo un poco más acalorado. Trataba de monopolizarme. Como si supiera lo confundida y perdida que estaba. Seguía tomándome de las manos eso si. Nos besamos como adolescentes mucho rato. . . cuando, sentí que al parecer todo se había calmado un poco, decidí salirme de ahí e ir a bañarme.
Al salir, seguía ahí, viendo tele. Me acosté a su lado y lo abracé. Quedó como sorprendido o algo así.

– ” Q-Qué ? ” – preguntó poniéndose muy rojo.
– “Nada. . .”- dije yo con cara de.  . . bueno, con cara de nada.

Apagó al televisión de lleno y me abrazó fuerte. Me sorprendí. No era de abrazarme, o darme la mano ni nada. Él o, ellos, eran así. Fríos, distantes, casi intocables entre sí. Pero me abrazó como si lo hubiera estado necesitando desde hace mucho, me miró un segundo y volvió a besarme.
Supongo que aquí, es donde por única vez en mi vida puedo aplicar esa montonera de frases cursis que uno encuentra en Tumblr. . . esas típicas frases de white-ass-gurl. . .

” Fue el tipo de beso del que nunca podría hablar en voz alta a mis amigos. Fue el tipo de beso que me hizo saber que nunca había sido tan feliz en toda mi vida. . .”

No sé cuál de los dos estaba más nervioso. Solía mirarme fijo de vez en cuando, sin decir nada. Absorbiéndome con los ojos, haciéndome sentir indefensa como nadie nunca lo había hecho antes. Me sentía por primera vez como un antílope, un antílope cuyo destino estaba frente sí. Me mataba con la mirada. Como si tratara de analizarme, de entender lo que estaba pensando. De poseerme con todo y garras, consigo mismo, con el tiempo con. . . cada cosa que hacía.
Como si estuviera dispuesto a aniquilarme el alma, despedazarme completa si hubiese querido. Donde podría perderme por siempre si seguía así.

-“Deja de mirarme así”- le dije mientras tiritaba de algo que desconocía. Mientras trataba de apartar la mirada hacia otro lado.
-“Qué, por qué?”- Mientras seguía insistiendo y me buscaba.
-“No estoy acostumbrada a que sea así. . . “- Pensé que no tuve que habérselo dicho. Pero ya no había más nada. No importaba nada ni nadie más en el mundo ~

8

Eran cerca las 9 de la mañana.

. . .

Era aún un 14 de Febrero en mi tiempo.
. . . salimos a desayunar a eso de las seis de la tarde.

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